Historia de Bilbao

El origen de Bilbao se remonta a tiempos inmemoriales y es difícil fijarlo en la línea del tiempo de la historia. Se sabe con certeza que ya había población asentada en ambas márgenes de la ría del Nervión, y Don Diego López de Haro V, señor de Bizkaia le concedió el título de ciudad en el año 1300.
No cabe duda que su conexión con el mar y el acceso al comercio marítimo le permitió desarrollarse con rapidez. La población crecía porque crecía la posibilidad de trabajo y la dar un futuro a la familia. Mucho ayudó al intercambio comercial el constante flujo de personas y peregrinos al ser parada obligatoria del Camino de Santiago de la costa.
Durante los siglos XV y XVI Bilbao se convirtió en la zona económica más importante del Señorío de Bizkaia. Gracias a los intercambios con las colonias en las Américas, la ciudad creció enormemente, así como su población y su posición económica. Es de esta época cuando se erige la Catedral de Santiago, aprovechando la enorme riqueza de la que disfruta la ciudad.
Tras unos siglos de parones y reactivaciones económicas, es en el siglo XIX cuando Bilbao se convierte en una ciudad moderna y plenamente integrada con el continente Europeo. Bilbao experimentó un desarrollo sin precedentes, basado en la explotación de las zonas mineras, la actividad portuaria y la industria siderúrgica. Por cierto, la ciudad también es un referente en la construcción de buques. Todos estos ingredientes tuvieron un catalizador común, que fue la llegada del ferrocarril a la ciudad. Es importante subrayar el hecho que ya en este siglo se crearon los Bancos de Bilbao y el de Bizkaia, y a finales de siglo, la Bolsa.
La Guerra Civil también fue fatídica para los deseos de expansión de la ciudad. Sin embargo, años más tarde, Bilbao retomó su capacidad de crear riqueza y fue punto de destino de multitud de inmigrantes de la Península y de otras zonas. En esta época es cuando también se desarrollaron al máximo los municipios vecinos de Bilbao, con quienes comparte márgenes de la ría del Nervión.
La mayoría de gente recuerda la profunda crisis que sufrió la zona a final del siglo XX. La industria siderúrgica sufrió un fuerte varapalo y se tuvo que afrontar la complicada reconversión industrial. En este momento, Bilbao resurge como una ciudad de servicios ofreciendo el turismo de calidad, con componentes de desarrollo sostenible y preservación del medio ambiente.
La capacidad de regeneración de Bilbao es modelo y ejemplo para todas las ciudades. Los antiguos terrenos industriales se transformaron en zonas atractivas para los vecinos y para los visitantes, siendo modelo de regeneración medioambiental. En esta coyuntura, el impresionante Museo Guggenheim se convierte en paradigma de la inmensa renovación que ha experimentado la ciudad. No ha sido un simple lavado de cara. Ha sido una “re-creación” absoluta de sus espacios y zonas comunes.
Vivir en Bilbao es cómodo, bonito y sostenible. Este orgullo de la ciudadanía se sabe trasladar a los visitantes. Es por eso que los turistas perciben algo más que una arquitectura envidiable, una gastronomía espectacular y unos espacios urbanos y naturales increíbles. Lo que se percibe, aunque muchas veces de forma inconsciente, es el orgullo sano de los bilbaínos de haber construido, durante cientos de años, la maravillosa ciudad que es en la actualidad.